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La infinidad de ventajas que supone en cualquier ámbito quirúrgico la opción endoscópica -y que podrían resumirse en la reducción de riesgos y más pronta recuperación- parten de su revolucionario sistema de acceso a la zona que se interviene. Así, mientras la cirugía abierta pasa por incisiones de mayor o menor longitud como vía de acceso, la endoscopia tan sólo precisa una incisión de apenas un centímetro. Por ella, se introducen los canales de trabajo. Uno “tubos” de entre ocho y nueve milímetros de diámetro por el que se introduce una cámara o endoscopio. Este tubo lleva directamente al área de la patología; en el caso de una hernia discal, al disco. “La punta del endoscopio llega directamente al disco, por lo que no es necesario separar músculos ni extirpar estructuras óseas”, explica el Dr. Orozco.

La posibilidad de acceder directamente al disco permite reducir la zona de fibrosis (o cicatriz interna). “Con técnicas más convencionales el objetivo es el nervio, con lo que la fibrosis alrededor del mismo es inevitable. Con la endoscopia, en cambio, no abordamos el nervio, sino el disco: quitamos el disco y vemos el nervio liberado”.

Esta ventaja de la endoscopia es especialmente beneficiosa para pacientes que ya han sido intervenidos con anterioridad y que ya presentan una fibrosis. “Ahora podemos acceder por otra vía que nos permite eludir las complicaciones que se pueden derivar de volver a incidir en la fibrosis”. Es igualmente útil para personas muy obesas por su más fácil accesibilidad al disco patológico.

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